Elementos islamistas de los grupos instalados en la zona de Gao-Tombuctú, distribuyeron en sus perfiles de Facebook la semana pasada un texto con el que pretenden fomentar el regreso de algunas de las 400.000 personas que han abandonado la región desde su despliegue en marzo pasado.

Por otro lado, diversas agencias de noticias, aseguran que el propósito de estas iniciativas es disponer de escudos humanos ante posibles ataques contra ellos.

A continuación, se adjunta un resumen de sus contenidos:

Las mejoras en los servicios públicos llevadas a cabo por los islamistas, están motivando el regreso de muchas de las personas desplazadas del norte de Mali. Algunos de los que huyeron tras la toma del poder por los islamistas, están volviendo, tentados por los buenos equipamientos y servicios que se ofrecen.

Cientos de los malienses que se fueron a países vecinos y hacia el sur, han regresado para vivir bajo la sharia que les asegura un empleo, agua potable, electricidad y alimentos a precios más baratos.

Los comerciantes de la región dicen que los grupos islamistas han abolido los impuestos sobre muchos productos de primera necesidad. Y que abastecen de electricidad y agua de forma gratuita. Además gratifican generosamente a los jóvenes que se unan a sus filas.

Gaoussou Traoré, conductor de autobús que realiza la línea de Bamako a Gao y Tombuctú, asegura que entre marzo y junio, siempre iba cargado de personas hacia el sur. Pero la situación se ha invertido ahora, ya que los autocares rumbo al su viajan casi vacíos y su vehículo de 52 asientos, siempre va lleno cuando recorre la línea hacia el norte.

Issa Mahamar, profesor de francés que huyó hacia el centro de Mali en abril, recientemente regresó a Gao atraído por el coste de la vida y para ayudar a su madre que dejó atrás. Antes pagaba mensualmente unos 30$ por la electricidad y 16$ de agua, mientras que ahora el suministro es gratuito.

Por lo que respecta a los alimentos, un saco de arroz cuesta unos 40$, y antes rondaba entre los 80 y 100$. Por una barra de pan, pagan el equivalente a unos 40 centavos de dólar, mientras que antes valía 60, vigilando los salafistas las panaderías para asegurarse de que no se especula con los precios.

En muchos colectivos del sector público, los trabajadores han vuelto a sus antiguos lugares de trabajo para administrar mejor los servicios. Por ejemplo: Moises Touré de 35 años, era enfermero en el hospital de Gao hasta marzo, huyó a Bamako, ahora ha regresado y cobra 600$ al mes, el doble de lo que ganaba antes.

Badra Makalo, investigador político en la capital maliense, expresó: “es cierto que los islamistas aplican la sharia y han apedreado hasta la muerte por lapidación, amputado miembros y azotado en público, según la naturaleza del delito, pero son cosas elementales para el respeto de la ley islámica”.

Mientras tanto, en el sur, crece la inestabilidad económica y política, fruto de las intrusiones de países occidentales. Debido a las donaciones y aportaciones de estos gobiernos extranjeros, tres figuras compiten por el poder: el presidente de transición Dioncoundra Traoré, el primer ministro Cech Modibo Diarra y el líder del golpe militar, Amadou Haya Sanogo.

Demasiado bueno para ser cierto.

Los desdichados que abandonaron sus hogares, si vuelven ahora, ¿estarán mejor entre la aplicación de la sharia y el riesgo de guerra inminente?