El 25 de noviembre en el foro yihadista en inglés “Ansar al Mojahideen”, se publicó un interesante texto que analiza el uso de las aeronaves no tripuladas por los EE UU desde el punto de vista de los muyahidines:

“En los últimos años hemos visto una intensificación de la dependencia de los drones que los americanos tienen para la guerra. Este informe examina las razones de esta nueva estrategia y las perspectivas para su futuro uso.

Ansar al Mujahideen 03-12-13

Después de los ataques del 11-S en suelo estadounidense, los políticos norteamericanos se embarcaron en una serie de campañas agresivas. Se imaginaban que ganarían en una serie rápida y sucesiva de campañas en el mundo islámico y por lo tanto cambiarían de forma permanente la escala geo-estratégica a su favor.

En cambio, después de más de una década de hacer la guerra y de cometer atrocidades, los EE.UU. finalmente se han dado cuenta de que sus aventuras militares han demostrado ser nada menos que un desastre. Los militares de EE.UU. se encuentran empantanados hasta el cuello y son incapaces de salir de él. Las guerras de agresión que los EE.UU. han librado en Afganistán y en otros lugares, les ha dejado militarmente agotados, en bancarrota financiera y políticamente desacreditados.

Como resultado de estas guerras y sus costes financieros, los EE.UU. han perdido todo apetito por más aventuras militares y han perdido el liderazgo como única superpotencia del mundo. Han sido degradados a la posición de una potencia regional que necesita la cooperación de otras potencias similares cuando han de operar fuera de su propia esfera de influencia.

En Siria, por ejemplo, el régimen de Obama fue incapaz de actuar cuando el régimen de Assad utilizó armas químicas contra sus propios ciudadanos, porque Obama no obtuvo el consentimiento, o al menos la pasividad, de potencias regionales como Rusia y China. Tales ejemplos no sólo ilustran la hipocresía norteamericana aliada de las organizaciones políticas seculares e islamistas del mundo musulmán, sino que muestra algo más importante aún, los EE.UU. ya no son capaces de actuar unilateralmente en esta región.

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Los EE.UU. ha reconocido abiertamente que durante este siglo cambiarán radicalmente su estrategia, girando hacia el Pacífico y se centrándose en la contención de la creciente influencia de China, en lugar de malgastar sus recursos en teatros lejanos.

Sin embargo a pesar de la necesidad de hacer frente a sus acuciantes necesidades estratégicas, los EE.UU. han encontrado dificultades para divorciarse completamente de su llamada guerra contra el terrorismo. Por alguna razón, los responsables de las políticas de Estados Unidos han sido capaces de dejar de lado su obsesión con esta guerra librada exclusivamente contra los musulmanes.

La verdad es que los medios de EE.UU, espoleados por sus contratos con el gobierno,  han pasado tanto tiempo luchando contra el mundo musulmán y demonizándolo, que los ha convertido en una amenaza perpetua a la seguridad y ahora el gobierno de EE.UU. está en deuda con su propia propaganda.

Durante los últimos 14 años, el ejército de EE.UU. ha intentado todos los trucos de manual con el fin de derrotar a sus oponentes. En ninguna parte ha sido esto más cierto que en el caso de Afganistán. Aquí los EE.UU. primero intentaron derrotar a los muyahidines afganos que eran liderados por el Amir ul Mu’minin Mullah Omar (HA ), a través de métodos militares convencionales. Después de una década de lucha inútil los EE.UU. decidieron cambiar sus tácticas implementando una estrategia de contrainsurgencia formulada por su amado comandante David Petraeus.

Al no haber podido derrotar a los afganos a través de esta estrategia, el régimen de Obama ha renunciado a toda esperanza de someter y derrotar a la nación afgana y ha declarado abiertamente el deseo de salir de Afganistán. Sin embargo, conscientes de la necesidad de mantener al menos una apariencia continuar con esta guerra, el régimen de Obama ha recurrido al uso de aviones no tripulados que son baratos financieramente y no suponen pérdidas en términos de vidas humanas.

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Dibujo de la niña Nabeela ur Rehman de 9 años cuya familia sufrió un ataque con drones en Pakistán

Cuando nos fijamos en el tema en este contexto, se pone de manifiesto por qué los EE.UU. han intensificado y ampliado sus operaciones con aviones no tripulados. Después de haber intentado vencer por todos los medios a la nación afgana, los orgullosos EE.UU. no han logrado nada, salvo engrosar las filas de sus adversarios ( es decir muyahidines) , dilapidar sus propios recursos militares, drenar sus finanzas y socavar el poco apoyo que tenían para estas guerras de agresión entre su audiencia doméstica.

Plenamente conscientes de no desperdiciar los recursos militares y financieros adicionales y también para apaciguar a sus críticos internos, Obama y su régimen han comenzado a recurrir a los ataques aéreos no tripulados contra sus enemigos. Para Obama y sus partidarios, los drones deben ser todo un truco publicitario. En primer lugar estos aviones no tripulados son muy baratos en comparación con otras estrategias (como trasladar y mantener a miles de soldados en Afganistán y no obtener ningún beneficio tangible). En segundo lugar estos drones son difíciles de derribar e incluso cuando son derribados no dan lugar a ningún tipo de bajas. Así, la falta de estas víctimas inmediatas significa que no hay ninguna reacción contraria en el patio trasero de la Casa Blanca. En tercer lugar, cuando estos ataques hacen mártir un objetivo de alto perfil, proporciona un excelente truco publicitario para Obama que le permite fingir estar peleando y ganando una exitosa campaña de contrainsurgencia.

Sin embargo Obama y sus asesores militares deben ser muy conscientes de que están arriesgando graves perjuicios a largo plazo a cambio de la obtención de estos beneficios a corto plazo. Que esta estrategia de los drones es corta de vista es indiscutible. ¿Por qué Obama continuará esta política miope?, puede explicarse por la naturaleza de la democracia en la que ganar las próximas elecciones es a menudo más importante que asegurar los intereses a largo plazo de la nación.

Los ataques aéreos no han servido prácticamente para nada contra los líderes simbólicos más importantes de la oposición a los agresores norteamericanos. Cualquier líder que sospeche que puede ser blanco de los aviones robot, retrae inevitablemente su perfil público y delega sus funciones operativas a otros socios menos conocidos.

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En otras palabras, la mayoría de las personas destinatarias de estos ataques con drones son comandantes operacionales. La focalización de estos comandantes no puede interrumpir cualquiera de sus actividades debido a que estos comandantes siempre instruyen a varios delegados para que sean capaces de asumir el control y volver a sus actividades en el caso de muerte o captura de cualquier comandante operacional.

Las desventajas de estos ataques con aviones teledirigidos, se derivan de dos debilidades fatales: los ataques con drones son intrínsecamente poco fiables e indiscriminados. Los drones son confiables porque se basan en informes, ya sea por fuentes locales o alimentadas con vigilancia aérea para identificar blancos potenciales.

La inteligencia alimentada por informadores locales es engorrosa, lenta y propensa a errores. La vigilancia aérea es más fiable. Además los drones son indiscriminados, ya que en su mayoría dependen de misiles que focalicen un blanco. El uso de tal armamento se traduce naturalmente en una gran cantidad de víctimas que no necesariamente podrían estar involucrados en alguna actividad contra los EE.UU.

Debido a estos dos puntos débiles, los ataques aéreos causan víctimas civiles desproporcionadas. Esta alta proporción de víctimas civiles formenta mucho odio en contra de los EE.UU. en las zonas afectadas. Las poblaciones locales, quedan traumatizadas por este tipo de ataques, comienzan a ver a los americanos como un enemigo dispuesto a sacrificar las vidas de la gente del lugar con el fin de atacar a un pequeño número de sus objetivos.

Esto a su vez impulsa a una gran cantidad de la población civil, sobre todo entre los jóvenes a los brazos de los muyahidines. No sólo eso, sino lo que es más importante, estos ataques de drones son un arma de doble filo, ya que demuestran que el gobierno anfitrión de estas áreas a menudo está aliado con los EE.UU, carecen de plena soberanía y no pueden o no quieren proteger a sus propios ciudadanos. Así, los ataques aéreos debilitan involuntariamente el apoyo al mismo gobierno, cuando tenían la intención de reforzar el apoyo a través de estos ataques .

Sin embargo, en lo fundamental, la estrategia de los drones revela una realidad mucho más importante que el mero error táctico. Lo que muestra es que Estados Unidos ya no es una potencia militar que confíe en sí misma. Ya no puede imponerse militarmente. El coste financiero y militar de la contrainsurgencia significa que los EE.UU. han abandonado toda esperanza de derrotar a sus oponentes.

En cambio, se dan por satisfechos con unas cuantas operaciones de estética que siguen la apariencia de la determinación estadounidense de continuar esta guerra, pero que en realidad no logra nada sustancial en el campo de batalla contra sus oponentes que vagan a su antojo.

Por otra parte, esta política está socavando la poca credibilidad que a Estados Unidos le queda en estos países. Los habitantes de las zonas afectadas por aviones no tripulados han llegado a ver que los EE.UU. realmente es un tigre de papel que utiliza un reclamo superficial para intentar ser el imperio más grande de todos los tiempos. América haría mucho mejor reflexionando si esta guerra de agresión contra el mundo musulmán es una causa por la que vale la pena luchar”.