#Yihadistastraselespejo

El enemigo de mi enemigo, no tiene porqué ser mi amigo”. A lo que podría añadirse, “no te fíes ni de tu mejor amigo”. Parece enrevesado, pero para los servicios de inteligencia es un principio fundamental. A pesar de esto y por desgracia, siempre hay anomalías que pueden convertirse en errores catastróficos si las protagonizan personas excepcionales.

Este es el caso que nos ocupa, allá por 1986 el ex-comandante del ejército egipcio Ali Muhammad, se convirtió en el pionero de las infiltraciones yihadistas. Maestro de espías para unos, triple agente para otros, sus cualidades le llevaron durante más de 10 años a infiltrarse en el ejército norteamericano, concretamente como sargento de los boinas verdes en el Centro de Guerra Especial John F. Kennedy en Fort Bragg (Carolina del Norte), además de trabajar en etapas posteriores como colaborador de la CIA y el FBI. Mientras su verdadera lealtad era para Osama Bin Laden, o al menos así fue casi hasta el final. Aunque no nos adelantaremos a los acontecimientos.

Ali Muhammad Fort Bragg 1989

Nacido en 1952 en Kafr El Sheikh (Bajo Egipto), gracias a su facilidad para los idiomas dominaba árabe, inglés, francés y hebreo, cursó dos licenciaturas en psicología en la Universidad de Alejandría y siguiendo los pasos de su padre, ingresó en el ejército en 1971. Tras su paso por la academia militar, se convirtió en oficial de inteligencia especializado en misiones clandestinas.

Debido a su ideología radicalizada, en 1984 fué expulsado del ejército egipcio, integrándose entonces en la Yihad Islámica tras jurar lealtad a Ayman Al Zawahiri, líder de la organización por aquél entonces.

Una de sus primeras misiones fue infiltrarse en la aerolínea egipcia Egyptair donde obtuvo un trabajo como asesor de seguridad, aprovechando para estudiar hasta el más mínimo detalle de la normas de seguridad aeroportuarias.

Egyptair

Siguiendo las directrices de Zawahiri, cambió de objetivo y puso rumbo a Estados Unidos. Durante el vuelo encandiló a Linda Sanchez, una mujer que regresaba de vacaciones y con la que se casó seis semanas después, consiguiendo así la nacionalidad norteamericana.

Desde 1986 hasta 1989 formó parte del ejército estadounidense, creando entonces el embrión de lo que podría considerarse el servicio de inteligencia del grupo terrorista Al Qaeda, para lo que tradujo al árabe muchos de los manuales operativos de contrainteligencia que pudo obtener durante su estancia en Fort Bragg. En 1988 informó a sus oficiales superiores que se trasladaría a Afganistán para luchar contra la ocupación del ejército soviético. Aprovechó para entrenar a elementos de Al Qaeda en tácticas como: vigilancias, contravigilancias, asesinatos, secuestros y establecer códigos de cifrado, que les permitió enfrentarse a las fuerzas especiales rusas (spetsnaz).

Fort Bragg

Algunos analistas que han estudiado en profundidad el caso, consideran que ofreció a la CIA y el FBI un 25% sobre lo que sabía de Al Qaeda propiciando así un golpe de audacia que pocos han conocido. Además de la confianza de sus controladores, lo más sorprendente es la campaña de desinformación que generó para que los servicios secretos norteamericanos no llegasen a valorar en su verdadera dimensión el riesgo que suponía Al Qaeda.

Para una mejor comprensión del contexto, hay que tener en cuenta dos elementos que facilitaron la labor de Ali Muhammad y su triple infiltración, en primer lugar el desconocimiento del riesgo terrorista que suponía Al Qaeda, y por otra parte, la imagen de “guerrilleros por la libertad” que las agencias de inteligencia norteamericanas atribuyeron a los yihadistas de Bin Laden en sus inicios, por dedicarse a luchar contra los soviéticos que ocuparon Afganistán.

Tanto desde Estados Unidos como durante sus viajes a África, entrenó a los elementos terroristas que llevaron a cabo atentados como el asesinato del rabino Meier Kahane el 5 de noviembre de 1990 en Manhattan, la colocación de una furgoneta con casi 500 Kg de explosivos el 26 de febrero de 1993 en el aparcamiento del World Trade Center en Nueva York, los atentados en las embajadas de Estados Unidos el 7 de agosto de 1998 en Nairobi (Kenia) y Dar Es Salaam (Tanzania), o el atentado en el puerto de Aden (Yemen) contra el destructor USS Cole el 12 de octubre de 2000.

Atentado USS Cole

Tras ser detenido por el FBI, el 20 de octubre de 2000 se celebró un juicio en el que se declaró culpable de cinco delitos relacionados con el espionaje y terrorismo. Al parecer consiguió esquivar la pena de muerte al llegar a un acuerdo con la Fiscalía neoyorquina acogiéndose a un programa de protección de testigos a cambio de colaborar con la Justicia norteamericana y no revelar jamás los detalles que durante una década dejaron en evidencia a los estamentos en los que se infiltró. Actualmente se desconoce su paradero, aunque algunas fuentes aseguran que su fiel esposa Linda aún lo visita regularmente.

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